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“Y fue cuando dejó salir el Faraón al pueblo hebreo, éste no fue conducido por el Eterno por el camino de la tierra de los filisteos” (Shemot 13:17)
Explica el Midrash, que todo versículo que empieza con la expresión “Vaihí”, es decir, “Y fue”, denota sufrimiento. Aparentemente debería ser éste el evento más feliz
del pueblo de Israel, haber salido de la esclavitud a la libertad. ¿Por qué entonces el Midrash lo menciona como un evento que provoca desgracia?
Escuché de la Rabanit Joungrais la siguiente explicación: La expresión de lamento, de sufrimiento, es a raíz de la continuación del versículo “dejó salir el
Faraón”, el pueblo pensó que fue el Faraón y no Dios quien los sacó y ésta es la raíz de todas las desgracias del pueblo. Un pueblo que sale gracias a los grandes milagros de Dios y afirma que es el Faraón el que los dejó
salir. La gratitud se orienta al destinatario equivocado.
No es casualidad que con esta misma situación termina esta parashá. La Torá nos relata que no tenían agua. Dios le pide a Moshé luego de la queja de Israel, que haga
salir agua de una piedra y termina este suceso con la siguiente expresión: “Y llamó al lugar Masá (prueba) y Merivá (querella) por haber puesto ellos a prueba al Eterno y por haber reñido con Moisés. Incluso habían
preguntado: ‘¿Está el Eterno con nosotros, sí o no?’”. A raíz de esta queja viene Amalek y ataca al pueblo de Israel. El Midrash dice que la proximidad de los dos sucesos se debe a que Dios los proveía de todo a Israel e Israel
preguntó ¿Está el Eterno con nosotros?, entonces ahora vendrá el perro a morderlos y ustedes sabrán donde estoy. Tal como un padre que llevaba a su hijo en sus hombros y todo lo que le pedía le daba, hasta que el niño vio otro
hombre y le preguntó ¿Acaso sabes donde está mi papá?, entonces el padre le dijo: ¿Tú no sabes donde estoy? lo puso en el piso, vino el perro y lo mordió.
Lamentablemente no siempre sabemos apreciar todo lo que Dios hace por nosotros y le otorgamos el mérito a los hombres o a nosotros mismos.
La gran virtud humana es aprender a reconocer a Dios, en cada una de las instancias de nuestra vida.
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