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Al ver el pueblo que Moshé se demoraba en descender del monte, la gente se reunió alrededor de Aharón y le dijeron: Toma la iniciativa, haz para nosotros
dioses que vayan delante nuestro. Pues respecto de Moshé, el hombre que nos hizo salir de Egipto, no sabemos que le ha pasado” (Shemot 32:1)
“Solo se necesita una buena excusa”.
Esta frase le queda perfecta al versículo arriba mencionado. La relación entre la tardanza de Moshé y lo que el pueblo le pide a Aharón es inexistente. ¿Acaso porque
Moshé todavía no regresa ya es necesario buscar dioses que lo reemplacen?. Además, ellos dicen, “haznos dioses”, ¿acaso no se dan cuenta que quien los hace, seguramente debe tener más fuerza que esos propios dioses? ¿Por qué no
le piden a Aharón que él mismo asuma la conducción del pueblo? ¿Acaso no podían esperar unas horas, un día más? ¿Por qué un cambio tan radical?
Todas estas preguntas tienen una sola respuesta, “Solo se necesita una buena excusa”. El pueblo o parte de él venía de toda una vida apegados a la idolatría egipcia,
una cultura diametralmente a lo que se pretendía que asumieran ahora, un cambio que la mayoría no podía o quería digerir tan rápido. Esto los llevó a que a la primer excusa que se les cruzara les ayudara rápidamente a volver a
su antiguo camino, a la comodidad de una rutina preestablecida.
Esta actitud es muy habitual en muchos otros ámbitos de nuestra vida. Cuantas veces si analizáramos una situación dada y nuestra reacción en ella veríamos el vicio que
hay en esa reacción. Debemos cuidarnos de situaciones tales que nos puedan conducir a juguetear con el becerrito.
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